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Inteligencia Artificial, deuda pública y altas tasas de interés en el mundo; ¿cómo sigue después de la derrota de Trump?

Cuando el Fondo Monetario Internacional difundió, el 12 de octubre pasado, la actualización de las estimaciones de crecimiento para 2026, tanto a nivel global como por regiones, confirmó lo que ya se vislumbraba: pese a un precio del barril por encima de los 100 dólares durante buena parte del año, los países cuyas proyecciones de variación del PIB mejoraban no eran los petroleros, sino aquellos pertenecientes a la cadena de la inteligencia artificial. Así, las naciones avanzadas pasaron a tener un crecimiento esperado de 2,1% en 2026, frente al 1,7% que el FMI había estimado en julio. Entre los emergentes, solo los asiáticos tuvieron una revisión al alza, pasando de 5% en julio a 5,1% en octubre. Lo paradójico es que, en esa región, la mayoría de los países son importadores netos de hidrocarburos.

La velocidad de los acontecimientos vinculados a la inteligencia artificial en 2026 se constata tanto en el crecimiento experimentado por ese grupo de países asiáticos como en las cifras del PIB de Estados Unidos, pero, sobre todo, en la irrupción del sector en la demanda de financiamiento. De acuerdo con una serie de artículos publicados en Financial Times, las firmas de la cadena de la IA cuadruplicaron la captación de fondos en el mercado de capitales entre los primeros nueve meses de 2025 y el mismo período de 2026, con un récord de 113 mil millones de dólares solo en julio pasado. El fantasma de experiencias pasadas —revoluciones tecnológicas asociadas a burbujas financieras— está a la orden del día. Solo que esta vez el escenario incluye crecientes desequilibrios fiscales de países desarrollados altamente endeudados.

De acuerdo con el FMI, la deuda bruta del sector público a nivel global era de 82% del PIB en 2019, pasó a 94% del PIB en 2025 y habrá de perforar el umbral del 100% antes de que finalice la década. Los principales países desarrollados, que hasta hace cinco años refinanciaban sus vencimientos de deuda a tasas de largo plazo negativas en términos reales, ahora se enfrentan a un costo financiero creciente. Estados Unidos, que emitía bonos a 10 años con cupones en torno al 1,5% nominal anual a fines de 2021, ahora tiene que hacerlo al 5% anual.

Francia, el canario de la mina

Y Francia apareció como el “canario de la mina”, debido a un stock de deuda pública de 118,1% del PIB, un déficit primario de 2,9% del PIB y un andarivel de crecimiento nominal del PIB inferior al 3% anual. El elevado stock de deuda pública se había venido refinanciando, hasta ahora, en base a las muy bajas tasas de interés del período precedente. El tamaño del ajuste fiscal para estabilizar la deuda pública es muy diferente si los cálculos se hacen tomando el costo financiero histórico de esos pasivos, o si las refinanciaciones deberán hacerse en un escenario de elevadas tasas de interés por mucho tiempo. En el primer caso, la corrección fiscal necesaria para estabilizar la deuda pública de Francia sería del orden de los 3 puntos del PIB, significativa pero incomparable con un ajuste de 6 puntos del PIB si prevaleciera el segundo escenario.

Crecimiento de comercio mundial: Bienes relacionados con la IA frente al resto

Var % i.a (Media móvil 12 meses)

Bienes relacionados con IAResto

Fuente: International Commerce Chartbook - BBVA Research (October, 2026)

El boom de la inteligencia artificial se refleja en la brecha de 25 puntos porcentuales entre el crecimiento del comercio mundial de bienes relacionados con esta tecnología y el del resto, así como en la velocidad con la que esa diferencia se está manifestando.

La dinámica involucra diversos ítems, desde los semiconductores hasta la electrónica, pasando por el software, las patentes y los centros de datos, áreas en las que han mostrado ventajas competitivas países como Taiwán, Corea, Vietnam, Tailandia y Singapur, entre otros.

El rol de China tiene características propias. El gigante asiático reorienta los incentivos de política en función de su objetivo principal: no perder terreno en la carrera tecnológica. Un efecto colateral de esta dinámica es la postergación del proceso de reconversión por el que se estaba quitando la “respiración artificial” a las industrias zombis que, por lo tanto, seguirán invadiendo mercados a precios de dumping. El otro efecto es la reasignación de recursos desde el consumo hacia la inversión, reflejada en el debilitamiento de las importaciones abastecidas por una amplia gama de países emergentes.

Evolución del precio del petróleo

En USD por barril de petróleo Brent

20252026

Fuente: IERAL en base a fuentes de mercado

Así como ese grupo seleccionado de países asiáticos está creciendo en 2026 por encima de las expectativas de principios de año, pese a ser, en general, importadores netos de energía, la contracara son Brasil y la Argentina. Aunque muy beneficiados por la dinámica exportadora de hidrocarburos, los socios del Mercosur han venido experimentando recurrentes revisiones a la baja en las proyecciones de variación del PIB para 2026. Esto denota, por un lado, una participación todavía marginal en la dinámica vinculada a la inteligencia artificial y, por el otro, problemas de consistencia macroeconómica.

En lo que hace al primer punto, el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA), elaborado por la Cepal, ubica a la Argentina en el sexto puesto del ranking, con 55,6 puntos, rezagada respecto de Chile, que lidera con 71,4 puntos. De este modo, el país forma parte del grupo de los “adoptantes”, detrás del pelotón de los “pioneros”.

Respecto de la consistencia macroeconómica, en el caso de Brasil se observa el agotamiento del modelo basado en la expansión del gasto público y, en el de la Argentina, las dificultades del empalme de la estabilización al crecimiento (ver al respecto “La suba del riesgo país, una cuña para recuperar nivel de actividad y ganar reservas”).

En Estados Unidos, el boom asociado a IA ya supera el de los ferrocarriles (siglo XIX)

Estados Unidos, por su parte, lidera los avances en Inteligencia Artificial, pero, al mismo tiempo, el crecimiento de su economía ha pasado a ser extremadamente dependiente de las inversiones en la cadena de la IA que, a su vez, sólo puede retroalimentarse por expectativas de rentabilidad sustentables para que no decaiga el financiamiento necesario, cuyo volumen apunta a ser el más elevado en términos históricos en episodios de revolución tecnológica e inversiones en infraestructura.

Casos seleccionados de boom de gasto de capital en Estados Unidos

Gasto promedio anual de capital, en % del PIB

EpisodioPeríodoTamaño (% del PIB)
Canales1836 – 1841
0,66%
Ferrocarriles1870 – 1890
2,24%
Electrificación1905 – 1925
0,50%
Autopistas1956 – 1973
1,13%
Telecomunicaciones y fibra óptica1996 – 2003
1,10%
Infraestructura de IA2025 – 2032
3,63%

Nota: el tamaño es el gasto promedio anual de capital como porcentaje del PIB durante el período indicado.

Fuente: Stijn Van Nieuwerburgh (2026). Financing the AI Buildout.

Autores como Stijn Van Nieuwerburgh calculan el esfuerzo de inversión asociado a la IA (que todavía no se ha completado) en un promedio anual de 3,63% del PIB de Estados Unidos para un ciclo estimado entre 2025 y 2032. Esta cifra supera con creces el récord establecido con el tendido de la red ferroviaria entre 1870 y 1890, estimado en 2,24% del PIB, así como el 1,1% anual requerido entre 1996 y 2003 por la revolución de las comunicaciones y las redes de internet.

Justamente, la magnitud que está alcanzando el financiamiento de las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial tiene como contrapartida un escrutinio cada vez más severo, con inversores atentos a la posibilidad de una burbuja. La volatilidad de las cotizaciones de las empresas agrupadas en el Nasdaq, como se advierte en el gráfico adjunto, es la evidencia más clara de esa constante verificación, que tiende a penalizar de forma inmediata los balances que no cumplen con las expectativas.

Además de los riesgos asociados al “error de cálculo”, se requiere calibrar el contexto de políticas públicas en el que el sector habrá de desempeñarse, tanto en el presente como en el futuro. Esto asigna un valor especial a los alineamientos en el Congreso que surgen de cada elección, sea presidencial o de medio término. Esa atención se extiende también al estado de la opinión pública, dado el riesgo de episodios disruptivos y la eventual percepción de mecanismos “fuera de control” que lleven a demandas crecientes de mayor regulación.

Evolución en 2026 del Nasdaq 100

Base 100 = 2-ene-26

Fuente: IERAL en base a Investing

Aun con todas esas advertencias, la inteligencia artificial viene protagonizando una demanda exponencial por parte de usuarios que temen perder terreno frente a sus competidores en la carrera por la productividad. Esta dinámica se filtra en las cuentas nacionales, por el momento, más por el lado de la inversión que de la productividad. Esto se constata en los datos de este año sobre la evolución del PIB de Estados Unidos, que aceleró de 2,2% anualizado en el segundo trimestre (desestacionalizado) a 3,4% en el tercer trimestre, con un aporte de 1,16 puntos porcentuales de la inversión en equipos y tecnología a este último guarismo.

El tema es que, después de estos picos, se espera que los indicadores de comercio e inversión en IA comiencen a experimentar cierta desaceleración. Y ahí aparece la pregunta clave: si el aterrizaje será suave o brusco.

Tras el resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos, el estrés sobre las condiciones financieras ha comenzado a mostrar señales de distensión, con el rendimiento de los bonos del Tesoro bajando levemente a 4,9% anual, un debilitamiento parcial del dólar frente al euro y una reacción positiva de los indicadores bursátiles. El riesgo de regulaciones más estrictas sobre el complejo de la inteligencia artificial, de la mano de un Congreso con mayorías demócratas, se manifiesta en un tratamiento diferenciado de las acciones que cotizan en el Nasdaq, aunque sin impedir que algunas de esas compañías mejoren sus cotizaciones, en un escenario que todavía es volátil.

La geopolítica de los dos últimos años de gestión de Trump

Más allá de diversos factores internos que seguramente explican el revés electoral de Trump y que no tienen que ver con la política económica, hay que tener en cuenta que la esencia del modelo presentado a principios de 2024, del cual Bessent parecía ser el ideólogo, pasaba por un debilitamiento del dólar y una baja de las tasas de interés, de modo de hacer más competitivas a las industrias tradicionales de Estados Unidos. A esto se sumaba la aplicación de diversas medidas que, en teoría, habrían de impedir que China se “aprovechara” del gigantesco mercado interno norteamericano. Al mismo tiempo, se boicoteaban las viejas reglas del comercio multilateral en aras de un bilateralismo por el que, supuestamente, Estados Unidos sacaría ventajas, junto con un rediseño del mapa en términos geopolíticos, con la selección de unas pocas regiones o países aliados. En ese diseño, no encastraba demasiado la guerra de Medio Oriente, salvo que Irán se hubiera rendido a las 24 horas.

Para retomar la agenda inicial, el gobierno de Trump seguramente enfrenta la dificultad de reconocer fracasos evidentes, que terminaron fortaleciendo a enemigos declarados. Esto hace, por ejemplo, que subsista la incertidumbre acerca de cómo habrá de cerrarse el conflicto de Medio Oriente, ya que Washington no está dispuesto a levantar la “bandera blanca”.

Pero, más allá de estas serias dificultades de transición, hay que tener en cuenta que el arrollador triunfo de los demócratas no alcanzó para que sus legisladores sumaran más de dos tercios de las bancas, por lo que el recurso de los vetos presidenciales sigue vigente.

En un aspecto, el resultado de las elecciones favorece la posibilidad de “volver a las fuentes”: la nueva relación de fuerzas hace más previsible la dinámica del gasto público, por lo que es improbable que el déficit fiscal siga aumentando. Esta novedad empezó a manifestarse con una baja marginal, pero baja al fin, de las tasas de interés de los bonos a 10 años, y seguramente también influyó en cierto debilitamiento del dólar. Son dos variables clave que muestran un principio de recorrido en dirección a los objetivos del “modelo” inicial. Obviamente, para reforzar esta dinámica se requiere normalizar el precio del petróleo (ponerle fin a la guerra) y también corregir algunas de las distorsiones más estridentes introducidas en la política arancelaria. Difícilmente esto alcance a China, que, de todos modos, se las arregla para venderle a Estados Unidos a través de las exportaciones de países satélites.

Una mejora de las condiciones financieras en Estados Unidos, con una Reserva Federal manteniendo independencia y garantizando que, en cierto momento, la inflación habrá de comenzar a ceder, constituye el ámbito apropiado para que pueda seguir fluyendo el financiamiento hacia proyectos exitosos de inteligencia artificial, aunque, por la imposición de restricciones ambientales impulsadas por líderes demócratas, un número importante de nuevos centros de datos deba ser relocalizado.

El presidente que suceda a Trump en 2028 seguramente le dará otra impronta a un número relevante de ítems de la agenda actual, pero algunos de los cambios introducidos en materia de comercio exterior y de alineamientos geopolíticos serán más difíciles de desmontar.

Jorge Vasconcelos

Coordinador General de Revista Novedades.