El Niño 2026/27: ¿qué puede significar para los rindes agrícolas?
El clima es una de las variables centrales para la agricultura argentina y, al mismo tiempo, una de las que el productor no puede controlar. En un sistema productivo predominantemente de secano, la disponibilidad y distribución de las lluvias condicionan de manera decisiva los resultados de cada campaña, junto con otras variables igualmente relevantes como los precios internacionales, los costos y la política tributaria sectorial. Aunque no pueda modificar el clima, el productor lo sigue muy de cerca: las perspectivas hídricas influyen sobre la elección de cultivos, las fechas de siembra, los planteos tecnológicos y, en general, sobre las decisiones de inversión y manejo que se toman antes y durante la campaña.
En ese marco, una de las principales referencias para anticipar el escenario climático de los cultivos estivales es la evolución del fenómeno ENSO —El Niño-Oscilación del Sur—. Sus distintas fases modifican las probabilidades de determinados patrones de precipitación y temperatura en buena parte de la región productiva, aunque sus efectos no son uniformes entre zonas ni cultivos. Esta columna analiza qué viene ocurriendo con el ENSO durante 2026, cuáles son las perspectivas para la campaña 2026/27 y, a partir de la experiencia de las últimas décadas, qué puede esperarse de un episodio El Niño sobre los rindes agrícolas.
El Niño vuelve al centro de la escena
Durante 2026, las condiciones del Pacífico ecuatorial cambiaron con una rapidez poco habitual. El índice MEI.v2 pasó de -1,03 en febrero-marzo y -0,64 en marzo-abril a +0,27 en abril-mayo, +1,52 en mayo-junio y +2,41 en junio-julio. En apenas unos meses, el sistema pasó así de condiciones claramente asociadas con La Niña a un episodio El Niño de elevada intensidad. El último registro disponible se encuentra entre los valores más altos de toda la serie y es el mayor observado para un período junio-julio desde 1979.
Las proyecciones disponibles sugieren, además, que el fortalecimiento todavía no habría alcanzado su máximo. En su actualización del 19 de agosto, el International Research Institute for Climate and Society (IRI) muestra una elevada convergencia de los modelos en torno a un evento excepcionalmente intenso: para octubre-diciembre, 25 de los 26 modelos considerados proyectan anomalías en la región Niño 3.4 iguales o superiores a +2 °C y 15 las ubican incluso por encima de +3 °C. El escenario central es, por lo tanto, que la máxima intensidad se alcance hacia fines de 2026.
Las proyecciones también anticipan una elevada persistencia. El IRI asigna una probabilidad prácticamente plena de continuidad de El Niño durante la primavera y el verano, que se mantiene en 97% para marzo-mayo y todavía alcanza 78% para abril-junio de 2027. El escenario más probable combina, entonces, un Niño muy intenso durante los meses críticos de la campaña 2026/27 con un episodio que podría prolongarse, aunque debilitándose, durante buena parte del primer semestre de 2027.
La perspectiva histórica ayuda a dimensionar la singularidad del episodio. Desde fines de 1979, las condiciones El Niño ocuparon alrededor de una cuarta parte de las observaciones del MEI.v2, mientras que los episodios de mayor intensidad fueron todavía menos frecuentes. Sobresalen especialmente los eventos de 1982/83, 1997/98 y 2015/16. El valor alcanzado en junio-julio de 2026 ya supera el máximo registrado durante 2015/16 y sólo queda por debajo de algunos registros correspondientes a 1982/83 y 1997/98, aun cuando el episodio actual se encuentra todavía en una etapa relativamente temprana de su evolución.
El comportamiento de 2026 combina así dos características poco habituales: una transición muy rápida desde La Niña hacia El Niño y una intensidad que ya se ubica en el extremo superior de la distribución histórica. Si las proyecciones actuales se confirman, el Niño 2026/27 podría ubicarse entre los episodios más intensos de las últimas décadas.
Esto vuelve especialmente relevante analizar sus posibles consecuencias para la agricultura argentina. La mayor intensidad prevista coincide con la primavera y el verano, meses decisivos para la implantación, el desarrollo y la definición de rendimientos de los principales cultivos estivales. Sin embargo, la magnitud del fenómeno en el Pacífico no se traslada mecánicamente a sus impactos regionales. Un Niño más intenso aumenta la probabilidad de que se manifiesten los patrones climáticos habitualmente asociados con esta fase, pero no implica efectos proporcionalmente mayores ni garantiza más precipitaciones en toda la región productiva.
Los pronósticos regionales reflejan justamente esa heterogeneidad. Las proyecciones del SISSA anticipan una mayor probabilidad de condiciones muy húmedas en distintas áreas del centro y norte de Sudamérica durante la primavera y comienzos del verano, mientras que en la principal región agrícola argentina la señal varía según la zona y el período considerado.
Por eso, para evaluar qué puede significar el actual episodio para la campaña 2026/27, no alcanza con establecer que se espera un Niño muy fuerte. La pregunta relevante es cómo respondió históricamente la producción agrícola argentina bajo las distintas fases del ENSO: qué ocurrió con los rindes durante Niño y Niña, qué magnitud tuvieron esas diferencias y hasta qué punto la respuesta fue similar entre cultivos y regiones. Esa evidencia permite pasar de la caracterización climática general a una evaluación más concreta de los posibles impactos productivos.
¿Qué muestra la evidencia para la agricultura argentina?
La relación entre ENSO y el desempeño agrícola argentino ha sido documentada en distintos trabajos. Podestá et al. (1999) encuentran para la Región Pampeana que los episodios cálidos tienden a coincidir con mayores rendimientos de maíz, mientras que las fases frías se asocian con rindes inferiores; para soja también identifican un deterioro durante La Niña. El vínculo estaría mediado, en buena medida, por las anomalías de precipitación durante la primavera y comienzos del verano.
Otros estudios confirman que la respuesta depende tanto del cultivo como del territorio. Travasso et al. (2003) muestran que la señal del ENSO sobre los rindes presenta una importante variabilidad espacial dentro de la principal región productiva argentina, mientras que de la Casa et al. (2021) encuentran una asociación significativa entre distintos indicadores del ENSO y los rendimientos de maíz y soja en Córdoba, con diferencias entre departamentos.
Más recientemente, AgroENSO, desarrollado por investigadores del CONICET y el INTA, sistematiza 35 años de información productiva y climática y vuelve a mostrar una respuesta diferenciada según fase ENSO, cultivo y territorio. En particular, sus resultados señalan una relación clara para maíz y soja y muestran que los promedios agregados pueden ocultar diferencias importantes entre regiones y departamentos.
Sobre esta evidencia previa se construyó un ejercicio propio que replica la metodología de AgroENSO para seis de las principales provincias agrícolas del país. La intención no es pronosticar el rinde de 2026/27, sino cuantificar cuál fue históricamente el cambio en los rindes esperados cuando una campaña transitó bajo condiciones Niño, Niña o neutrales.
¿Qué ocurrió con los rindes en las distintas fases del fenómeno?
La evidencia de las últimas 28 campañas muestra una asociación clara entre las fases del ENSO y el desempeño de los principales cultivos estivales. El análisis realizado comprende 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero, sobre una superficie cosechada promedio de algo más de 18 millones de hectáreas. En ese período se identifican 10 campañas asociadas a El Niño, 12 a La Niña y 6 a condiciones neutrales (Ver anexo con el detalle metodológico).
Considerando conjuntamente las seis provincias, los rendimientos se ubican sistemáticamente por encima de su nivel histórico durante los episodios El Niño y por debajo durante La Niña. En maíz, la brecha alcanza en promedio +10,3% en las campañas Niño y −9,9% en las Niña, una diferencia de 20,2 puntos porcentuales entre ambas fases. En soja total la asociación es levemente mayor: +10,8% durante Niño y −9,8% durante Niña, con una amplitud de 20,6 puntos.
La intensidad de la asociación también cambia entre cultivos de soja. En soja de primera, la diferencia entre Niño y Niña alcanza 19,5 puntos porcentuales, mientras que en soja de segunda asciende a 27 puntos. Esta última presenta, además, un segundo canal de exposición: durante las campañas La Niña no sólo disminuye el rendimiento, sino que aumenta significativamente la proporción del área sembrada que finalmente no se cosecha. En soja de segunda esa superficie pasa de 1,9% durante Niño a 6,4% durante Niña. En maíz, en cambio, la proporción no cosechada ronda el 21% cualquiera sea la fase ENSO, lo que sugiere que allí predominan factores estructurales —como el destino forrajero o silero— antes que climáticos.
La respuesta tampoco parece proporcional a la intensidad del índice ONI. La correlación entre el valor del ONI de octubre-diciembre y los rindes es positiva pero moderada, y sólo una parte de las series presenta una relación estadísticamente significativa. La evidencia obtenida con la validación del modelo indica, además, que clasificar las campañas en Niño, Niña y Neutral predice mejor los rendimientos fuera de muestra que utilizar el ONI como una variable continua. En otras palabras, el ENSO parece funcionar mejor como indicador del escenario climático al que se enfrenta la campaña que como una regla lineal para determinar cuánto aumentará o disminuirá el rinde.
Una misma señal, pero con intensidades diferentes entre provincias
La apertura provincial muestra una heterogeneidad considerable. En términos generales aparece un gradiente de mayor sensibilidad en el Litoral y el centro de la región agrícola hacia una respuesta mucho más débil en Santiago del Estero. Pero ese patrón no es idéntico para todos los cultivos.
El caso más marcado es Entre Ríos. En maíz, los rindes se ubicaron 18,4% por encima del nivel histórico durante Niño y 20,4% por debajo durante Niña: casi 39 puntos porcentuales de diferencia entre ambas fases. Además, la regularidad histórica es elevada: 9 de las 10 campañas Niño terminaron por encima del nivel típico y 11 de las 12 Niña por debajo. Esto convierte al maíz entrerriano en uno de los casos donde la información ENSO presenta mayor capacidad para caracterizar las condiciones de partida de una campaña.
Santa Fe también exhibe una respuesta importante, particularmente en soja. La amplitud entre Niño y Niña alcanza 19,7 puntos porcentuales para soja total, frente a 23 puntos en maíz. Córdoba muestra una configuración similar: la soja presenta una amplitud elevada, de 22,3 puntos, mientras que en maíz se reduce a 17,1. En Buenos Aires, por su parte, la sensibilidad resulta algo más equilibrada entre ambos cultivos, con aproximadamente 21,5 puntos en maíz y 19,7 en soja.
La Pampa presenta un comportamiento más heterogéneo. El maíz registra una sensibilidad relativamente moderada, con 13,2 puntos de diferencia entre Niño y Niña, pero la soja —y particularmente la soja de segunda— responde con mucha mayor intensidad. En esta última, la amplitud llega a casi 44 puntos porcentuales. El resultado debe interpretarse, sin embargo, teniendo en cuenta que se trata de un cultivo de menor peso relativo en la provincia y desarrollado en el margen occidental del área agrícola.
En el extremo opuesto aparece Santiago del Estero. El maíz muestra una amplitud de apenas 0,9 puntos porcentuales entre Niño y Niña y prácticamente no presenta correlación con el ONI. También la frecuencia con que las campañas se comportan en la dirección esperada es mucho menor que en la región pampeana y el Litoral. La soja conserva una señal algo más visible, pero también considerablemente más débil. Esto sugiere que la capacidad del ENSO para anticipar condiciones favorables o desfavorables disminuye a medida que el análisis se desplaza hacia ambientes donde otros mecanismos climáticos adquieren mayor importancia.
La heterogeneidad continúa dentro de cada provincia
Las diferencias no terminan en los límites provinciales. Cuando el análisis baja a departamentos aparece una organización territorial bastante definida: las zonas de mayor y menor sensibilidad tienden a agruparse geográficamente, en lugar de distribuirse al azar.
En Buenos Aires, por ejemplo, el maíz muestra una respuesta particularmente intensa en el norte y nordeste provincial. Mercedes, Suipacha, Baradero, San Nicolás y otros partidos del corredor norte registran caídas de entre aproximadamente 13% y 21% durante las campañas La Niña. Hacia el sudeste y el sudoeste, en cambio, las pérdidas históricas son considerablemente menores: Balcarce, General Pueyrredón, Tornquist y otros partidos se ubican alrededor de 5% a 7% por debajo de su nivel típico. Así, aun dentro de una misma provincia, la exposición histórica al ENSO puede diferir ampliamente.
En Santa Fe, la mayor sensibilidad aparece en varios departamentos del centro y norte provincial —entre ellos 9 de Julio, San Justo, Garay, San Cristóbal y La Capital—, mientras que departamentos del sur agrícola muestran respuestas algo más moderadas. En Córdoba, los resultados sugieren una menor sensibilidad hacia sectores occidentales y serranos y una respuesta mayor en áreas del este y centro-sur. En Entre Ríos, finalmente, el este y sudeste provincial concentran algunas de las mayores caídas observadas en toda la muestra durante los episodios La Niña.
Este detalle territorial debe interpretarse con más cautela que los resultados agregados. La estimación departamental incorpora un esquema de regularización o partial pooling hacia la provincia para reducir el ruido que genera disponer de pocas campañas de cada fase. El peso de la información propia del departamento es considerablemente mayor en maíz que en soja. Por esa razón, las diferencias territoriales de maíz admiten una lectura departamental más fina, mientras que en soja resulta más prudente concentrarse en los patrones provinciales y regionales que en rankings entre departamentos individuales.
Una señal probabilística, no un pronóstico determinístico
Estos resultados no implican que una campaña El Niño garantice buenos rindes ni que una campaña La Niña necesariamente termine mal. Los datos históricos muestran excepciones importantes. La campaña 2023/24, por ejemplo, estuvo asociada a un Niño fuerte y, sin embargo, distintos factores productivos y sanitarios limitaron los rindes de maíz en algunas regiones. El ENSO modifica las probabilidades y las condiciones ambientales que enfrenta el cultivo, pero no determina por sí solo el resultado final.
La regularidad histórica resulta, por eso, tan relevante como la brecha promedio. En Entre Ríos, 11 de las 12 campañas La Niña terminaron con rindes de maíz inferiores al nivel típico; en Santa Fe fueron 11 de 12 y en Buenos Aires 10 de 12. La formulación más adecuada no es entonces que “La Niña reduce siempre los rindes”, sino que las campañas La Niña han estado asociadas, con una frecuencia elevada, a rendimientos inferiores a los esperables una vez descontado el progreso tecnológico.
Esta cautela es aún más necesaria al mirar departamento por departamento. La señal general es clara y se mantiene cuando se aplican distintos métodos, pero no todos los resultados locales tienen la misma solidez. Al utilizar un criterio exigente para reducir el riesgo de encontrar diferencias por puro azar, el método original de AgroENSO no permite señalar departamentos específicos con suficiente confianza. Otros enfoques estadísticos y los intervalos de incertidumbre respaldan el patrón en numerosos casos, aunque las diferencias pequeñas entre localidades no deberían leerse como un ranking exacto de sensibilidad.
Apreciaciones finales
La evidencia histórica ofrece una primera conclusión importante para la campaña que comienza: la presencia de El Niño mejora de manera significativa el punto de partida estadístico de los principales cultivos estivales, pero esa mejora no es uniforme ni constituye una garantía de buenos rindes. En las seis provincias analizadas, las campañas Niño se asociaron sistemáticamente con rindes superiores a los registrados durante La Niña, pero la magnitud de esa diferencia cambia considerablemente entre cultivos y territorios. La señal es especialmente marcada en soja de segunda y en distintas zonas del Litoral y la región pampeana, mientras pierde fuerza hacia ambientes como Santiago del Estero.
La segunda conclusión es que el tamaño anunciado del fenómeno no debería traducirse mecánicamente en una expectativa de rindes excepcionalmente altos. Los resultados muestran que la fase ENSO contiene más información que la intensidad puntual del ONI: conocer que la campaña transcurre bajo condiciones Niño ayuda a inclinar las probabilidades, pero un Niño de +2 o +3 no implica necesariamente el doble del beneficio de uno más moderado. Importan la distribución temporal y espacial de las precipitaciones, las temperaturas durante los períodos críticos, la disponibilidad inicial de agua en los perfiles y todos los demás factores agronómicos y sanitarios que intervienen en la campaña.
Lo que sí ha cambiado de manera sustantiva en las últimas décadas es la cantidad de producción expuesta a esa diferencia climática. • Aplicando las brechas históricas estimadas a una escala productiva similar a la de las últimas campañas, un escenario Niño podría significar para Argentina alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja respecto de rindes típicos. A precios FOB de USD 240 y USD 500 por tonelada, respectivamente, ese diferencial de producción rondaría los USD 4.000 millones.
El Niño 2026/27 constituye, por lo tanto, una señal favorable para la agricultura argentina, pero no un cheque en blanco. Si el episodio evoluciona como anticipan actualmente los modelos y sus teleconexiones se manifiestan de manera semejante a la observada históricamente, las probabilidades estarán inclinadas hacia mejores rendimientos en buena parte de la región productiva. Cuánto de ese potencial termine efectivamente transformándose en toneladas dependerá, como siempre, de dónde y cuándo llueva.
Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna
Responsables de la sección Agro industrial.


