Novedades Económicas

Tiempo de lectura: 4 minutos

La recuperación todavía no llega al empleo

La economía argentina transita 2026 con señales de mayor estabilidad macroeconómica respecto de los años previos, aunque el mercado laboral continúa siendo una de las principales asignaturas pendientes de la recuperación.

Hoy existe una dualidad marcada en el sistema productivo. Mientras las actividades vinculadas al frente externo como energía, minería, agroindustria y algunos segmentos exportadores muestran mejores perspectivas, buena parte de los sectores ligados al mercado interno continúan afectados por salarios reales debilitados, menor capacidad de consumo y una recuperación de la actividad que sigue siendo intermitente.

El sesgo de esta reactivación plantea un desafío estructural, los sectores más dinámicos en términos de exportaciones e inversión todavía tienen un peso relativamente bajo en la generación directa de puestos de trabajo. Actividades como minería, petróleo, servicios financieros y agro representan apenas el 3% del empleo total y el 7% del empleo asalariado privado registrado. Esto implica que una mejora del frente externo no se traduce de forma automática en una recuperación amplia del empleo o de los ingresos de los hogares.

En el plano laboral, el vaso medio vacío sigue siendo relevante. El principal problema de la coyuntura es que la recuperación todavía no logra traducirse en una generación sostenida de empleo privado formal. Durante el último año, cerca de 100 mil trabajadores asalariados privados registrados perdieron su empleo, mientras crecieron modalidades laborales más frágiles, como monotributistas (con más de 90 mil nuevos registros) y empleo no registrado.

El empleo privado formal concentra mayores niveles de productividad, estabilidad e ingresos, además de aportar al financiamiento previsional. Cuando el empleo crece, pero en segmentos de baja productividad, la recuperación económica y social pierde solidez.

La evolución de los ingresos tampoco presenta un comportamiento uniforme. El sector privado registrado mostró cierta recomposición luego del ajuste inicial (tras alcanzar caídas interanuales del 14% real en 2024), logró recuperar parcialmente poder adquisitivo y alcanzar mejoras superiores al 12% interanual hacia mediados de 2025. Sin embargo, esa recuperación perdió impulso y volvió a terreno negativo hacia comienzos de 2026, ubicándose en -2,3%.

Por su parte, el sector público exhibió una trayectoria mucho más rezagada. La caída del salario real llegó a rondar el 27% interanual, prácticamente el doble de la observada en el sector privado formal. Aunque posteriormente mostró cierta recuperación, acumuló entre marzo de 2026 y marzo de 2023 una pérdida cercana al 23% real, frente a una caída del 7% en el sector privado registrado.

La desaceleración inflacionaria inicial dejó de ser suficiente para sostener mejoras reales del ingreso en un contexto de actividad todavía heterogénea, menor margen fiscal y negociaciones salariales más contenidas.

Las diferencias territoriales permiten observar además que no existe un único mercado laboral argentino. Las estructuras productivas provinciales son profundamente distintas y eso condiciona cada vez más la dinámica de empleo y salarios. Al analizar los datos de empleo privado registrado cada 1.000 habitantes, las brechas geográficas se vuelven evidentes. El promedio nacional ronda los 144 trabajadores privados formales cada 1.000 habitantes. Entre las jurisdicciones con mayor densidad de empleo formal se ubica Neuquén que alcanza 219 y Tierra del Fuego con 198, impulsadas por actividades vinculadas a la energía y al régimen de promoción industrial.

El caso de CABA requiere una aclaración metodológica. La ciudad registra 519 asalariados privados formales cada 1.000 habitantes, aunque una parte importante (alrededor de medio millón de trabajadores) residen en Partidos del Gran Buenos Aires y se trasladan a la ciudad.

En contraste, provincias como Formosa (37), Santiago del Estero (52) y Chaco (64) muestran niveles considerablemente menores de empleo privado formal, reflejando una estructura productiva más limitada y una mayor dependencia de actividades de baja productividad o empleo público.

Estas asimetrías se mantienen al analizar el empleo público provincial. El promedio nacional ronda los 50 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes y sólo cuatro jurisdicciones operan con estructuras por debajo de ese nivel: Córdoba (33), Buenos Aires (38), Santa Fe (41) y Mendoza (45).

En el otro extremo aparecen Tierra del Fuego con 141 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes, La Rioja y Neuquén con 111, y Santa Cruz con 109. Los datos muestran que, en buena parte del país, el empleo estatal continúa teniendo un peso central dentro de la estructura ocupacional provincial, especialmente en jurisdicciones con menor densidad de empleo privado formal.

Estas diferencias no son únicamente estadísticas, reflejan distintos niveles de productividad, desarrollo empresarial, inserción exportadora y capacidad de generación de empleo formal. La nueva etapa económica argentina parece favorecer relativamente más a sectores vinculados al frente externo, energía, minería y actividades transables. Pero esos sectores, aunque dinámicos en inversión y exportaciones, no tienen capacidad suficiente para absorber empleo masivo.

Esto implica que el desafío ya no será sólo estabilizar la macroeconomía, sino lograr que esa estabilidad se traduzca en más empleo privado formal. Las provincias parten además desde situaciones muy diferentes para enfrentar ese proceso. Aquellas con estructuras productivas más diversificadas, mayor densidad de empleo privado formal y entramados empresariales más desarrollados probablemente tengan mejores condiciones para captar inversiones, sostener salarios y adaptarse a una economía más competitiva y abierta.

Allí empieza a definirse la próxima etapa económica argentina. La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente. El verdadero éxito del programa requerirá traducirse en empleo formal, mejores ingresos y un dinamismo productivo real. En lo que resta de gestión, el desafío será que la estabilidad deje de ser sólo un dato estadístico y empiece a percibirse con más claridad en el metro cuadrado de cada familia.

Laura Caullo

Responsable de la sección Social-Laboral.