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Las provincias patagónicas pagan un cuarto del gasto corriente con regalías en lugar de invertirlas

En mayo, Neuquén recibió un récord de 245 millones de dólares en regalías. Nunca antes había cobrado tanto por su petróleo y gas. Pero esa bonanza ilumina solo una parte de la Patagonia. En la otra (Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego) las cuentas empeoran y el aire fiscal se agota. La segunda etapa del programa económico les pide a las provincias más protagonismo, y la región llega dividida a ese examen.

La primera fase del programa dependió casi por completo de la Nación: estabilizar, ordenar las cuentas, desregular. La que empieza, crecer e invertir con empleo de calidad, se juega en las provincias, y el recambio en la Jefatura de Gabinete abrió esa ventana de coordinación federal. Superada la discusión sobre la necesidad de reformar, queda una pregunta mucho más compleja: quién puede hacerlo y con qué recursos.

Conviene empezar por las cuentas públicas. El resultado corriente de las provincias patagónicas (Gráfico 1) muestra un tablero en rojo: todas gastaron más de lo que recaudaron en 2025 (neto de regalías) y varias empeoraron respecto de 2023. Neuquén esta vez no es la excepción: las regalías se están destinando a gasto corriente, en lugar de financiar gasto de capital.

¿De dónde viene ese rojo? En buena medida, de las cajas previsionales (Gráfico 2). Las provincias con peores cuentas fiscales son casi las mismas que arrastran los mayores déficits en sus sistemas jubilatorios, y todas se deterioraron en los últimos dos años. Para la Patagonia que hoy gasta más de lo que debería, ninguna reforma apremia como la previsional. Es la que más pesa en el desequilibrio y, sin un colchón de regalías que amortigüe el ajuste, la que menos puede postergarse.

El peso del sistema previsional provincial no es casual: responde a reglas de acceso a las prestaciones más laxas que las del régimen general nacional, donde la edad de jubilación se fija en los 60 años para las mujeres y los 65 para los varones. Las provincias patagónicas se apartan de ese estándar, bajo una ecuación en la que cada año de anticipo implica un año más de haberes a pagar y uno menos de aportes a cobrar:

  • Neuquén: adelanta la edad jubilatoria cinco años en ambos sexos (55/60).
  • Chubut: adelanta dos años a las mujeres y tres a los varones (58/62).
  • Santa Cruz: no fija una edad mínima en su régimen, por lo que el acceso queda supeditado exclusivamente a los años de servicio, lo que genera la brecha más amplia posible frente al esquema nacional.
  • Tierra del Fuego: equipara la edad de las mujeres en 60 años, pero adelanta cinco años la de los varones (60/60).

Esta asimetría se acentúa en los regímenes especiales. En el sector docente, todas las provincias patagónicas jubilan por debajo del umbral nacional de 57 años para mujeres y 62 para varones: Neuquén lo hace a los 52/55, Chubut a los 53/53 y Tierra del Fuego a los 50/50. Si se considera que la esperanza de vida remanente para una mujer a los 52 años es de aproximadamente 31 años, jubilarse a esa edad en Neuquén significa que el sistema previsional financiará más años de prestación que los transcurridos durante su vida activa de aportes (25 años).

Esta distorsión temporal es la causa estructural del crecimiento exponencial del gasto previsional provincial. En los últimos 20 años el pago de jubilaciones y pensiones se expandió a un ritmo de crecimiento real anual del 7,5% en Tierra del Fuego, del 6,3% en Neuquén, del 5,6% en Santa Cruz y del 4% en Chubut (Gráfico 3).

Dicho incremento evidencia una inconsistencia de fondo. El gasto previsional no aumenta por factores coyunturales, sino impulsado por una inercia estructural de largo alcance. Las jubilaciones que se pagan hoy son el reflejo de las contrataciones de empleo público realizadas por las provincias en décadas pasadas. En consecuencia, se trata de un gasto predeterminado, rígido y de constante expansión en términos reales —en dos décadas se multiplicó por 3,4 en Neuquén y por más de 4 en Tierra del Fuego, ya descontada la inflación—. Por lo tanto, financiar un gasto permanente con regalías, que son un ingreso transitorio y volátil, es una práctica desaconsejable.

Adicionalmente, cabe destacar que no toda la renta hidrocarburífera actual descansa sobre bases sólidas. Si bien Neuquén cuenta con recursos para financiar las reformas fiscales —las regalías alcanzaron marcas récord en mayo y representan casi la mitad de sus ingresos (Gráfico 4)—, una parte considerable del reciente incremento obedeció al conflicto en Medio Oriente, que empujó el precio internacional del crudo. Solo el “efecto precio” (Gráfico 5) aportó 57 millones de dólares en el trimestre: diez millones más que todo lo que el Fondo de Estabilización y Desarrollo del Neuquén (FEDeN) logró ahorrar en cuatro años. Esa porción es volátil y puede evaporarse con la próxima tregua; tratarla como ingreso permanente, en lugar de ahorrarla, es exactamente el error que un fondo anticíclico busca prevenir.

Por todo ello, la prioridad fiscal de la región debe ser el ordenamiento del gasto corriente, con la reforma previsional encabezando la lista. Las regalías no deben ser el instrumento para expandir el gasto corriente: hacerlo equivale a hipotecar el futuro provincial, porque se compromete una renta irrepetible y no renovable —cada barril se extrae una sola vez— en compromisos financieros permanentes. La renta del subsuelo debería destinarse a financiar bienes y activos que perduren en el tiempo, no el funcionamiento ordinario del aparato estatal.

Una vez encauzado el gasto, la renta petrolera podrá cumplir su función estratégica siguiendo un orden claro de prioridades:
1. Infraestructura integral: priorizar no solo las obras orientadas a la producción hidrocarburífera, sino fundamentalmente aquellas que impulsen actividades productivas alternativas —como el turismo— que sostendrán la economía regional cuando los recursos fósiles se agoten.
2. Alivio fiscal: moderar en un nivel similar de prioridad los impuestos más distorsivos que encarecen la producción y desincentivan la inversión privada en dichos sectores.
3. Fondos anticíclicos: consolidar mecanismos de ahorro que permitan reservar excedentes durante los períodos de bonanza para evitar la dependencia fiscal en las etapas de baja de precios.

En conclusión, la bonanza económica otorga la viabilidad financiera para ejecutar las reformas que la escasez vuelve imperiosas. Neuquén, fortalecido por una renta aún en expansión, cuenta con el margen de tiempo y los recursos necesarios para liderar esta transición; por su parte, el resto de las provincias patagónicas, al carecer de dicho amortiguador, deberán afrontar el proceso con mayor rigurosidad y urgencia.

Federico Belich

Responsable de la Regional COMAHUE.