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Con una hora de trabajo hoy se produce 6% menos que hace diez años

La productividad laboral mide cuánto se produce, en promedio, por cada hora de trabajo. En Argentina, ese indicador está hoy un 6% por debajo del nivel de hace diez años, según las cuentas nacionales de INDEC. Dicho de otro modo, para producir lo mismo que en 2016 hoy hacen falta más horas de trabajo. En este período, aumentaron las horas trabajadas y el capital disponible por hora de trabajo, pero la producción no creció al mismo ritmo, lo que se tradujo en una caída de la productividad laboral. El retroceso de la productividad total de los factores (PTF) ayuda a explicar este resultado.

Más horas, casi la misma producción

Entre 2016 y 2025, las horas trabajadas aumentaron 11% y los servicios de capital 14%. La producción, en cambio, creció apenas 3%. La economía puso más trabajo y más capital, pero el aumento de los recursos no se tradujo en un crecimiento equivalente de la producción. Cada hora de trabajo cuenta hoy con algo más de capital que en 2016 (+3%) y, aun así, produce menos. La brecha se explica por la productividad total de los factores (PTF), que retrocedió 7% en el período.

La PTF no se observa directamente, sino que se calcula como la parte del crecimiento de la producción que no se explica por la evolución del trabajo y el capital, y refleja factores como el progreso tecnológico, la innovación, la calidad de la gestión y la organización de los procesos productivos. Por eso, una mayor PTF suele asociarse con más eficiencia y mayor competitividad.

En Argentina, la PTF muestra una tendencia descendente desde 2016. Tomando ese año como base 100, el indicador cayó hasta 90 en 2024 y se recuperó parcialmente a 93 en 2025, sin revertir el retroceso acumulado. El resultado muestra que sumar recursos no alcanza. También importa cómo se combinan el trabajo y el capital y cuánto se aprovechan.

Dónde se pierde productividad laboral

La productividad laboral, medida como la producción por hora trabajada, cayó 6% entre 2016 y el último año, según datos de la Cuenta de Generación de Ingresos de INDEC. Sin embargo, este promedio esconde diferencias importantes entre sectores. Hoteles y restaurantes (-16%) y comercio (-15%) registran los mayores retrocesos, seguidos por construcción (-11%), electricidad, gas y agua (-10%), industria (-9%) y pesca (-8%). En el otro extremo, minería (+21%) e intermediación financiera (+14%) muestran avances significativos.

Desde 2023 aparece una leve recuperación en la productividad por hora, que se ubica un 2% por encima de la de ese año. Pero la mejora sale de pocos sectores, el agro sube 41%, aunque buena parte de ese salto es el rebote tras la sequía de 2023, lo siguen intermediación financiera (+24%) y minería (+23%). En cambio, construcción (–8%), comercio (–6%) e industria (–4,5%) siguen cayendo y suman pérdidas a las que ya acumulaban desde 2016.

La recuperación, por lo tanto, sigue siendo acotada. Los avances de algunos sectores no alcanzan para compensar las pérdidas acumuladas y contrastan con la evolución de las actividades que concentran la mayor parte del empleo. De hecho, los sectores donde la productividad laboral cayó entre 2023 y el último año reúnen el 71% de las horas trabajadas en el primer trimestre de 2026. En otras palabras, dos de cada tres horas trabajadas corresponden a actividades cuya productividad todavía no recuperó los niveles de 2023. Los sectores que más mejoraron desde 2023, agro, minería e intermediación financiera, reúnen apenas el 8% de las horas trabajadas.

Sin mejoras sostenidas de la productividad laboral, resulta difícil sostener aumentos de salarios y mejoras duraderas de la competitividad. Si la economía no logra producir más por cada hora trabajada, se reduce el margen para mejorar los ingresos sin aumentar los costos por unidad producida. Revertir esta dinámica requiere mejorar la productividad total de los factores (PTF). Las empresas son centrales en este proceso, porque allí se incorporan tecnologías, se innova y se definen las formas de organizar la producción. Pero su capacidad para mejorar la eficiencia no depende solo de decisiones individuales, también requiere instituciones sólidas y un marco regulatorio que acompañe la inversión, la innovación y la competencia.

Este desafío cobra especial relevancia si Argentina avanza hacia un tipo de cambio real más bajo, impulsado por el ingreso de divisas de las exportaciones de recursos naturales. En ese escenario, las ganancias de productividad adquieren mayor importancia para sostener la competitividad sin depender de una reducción de los costos laborales. El objetivo debe ser crear las condiciones para que las empresas aprovechen mejor sus recursos y que esas mejoras se traduzcan en mayores salarios y una economía más competitiva.

Laura Caullo - Guadalupe Galíndez