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El “otro agro” frente a un nuevo escenario

Las economías regionales enfrentan hoy un escenario menos favorable que el de años atrás: un tipo de cambio real más bajo y precios de exportación que, en muchos casos, se ubican por debajo de sus niveles históricos. Sin embargo, el desempeño reciente muestra una particularidad: las cantidades exportadas se han recuperado, aunque de manera muy desigual entre productos. Mientras algunas actividades lograron compensar menores precios con mayores volúmenes, otras, como vinos y manzanas, continúan mostrando señales de deterioro. La pregunta es hasta qué punto esta recuperación puede sostenerse en un contexto en el que la rentabilidad depende cada vez más de la productividad, los costos y la capacidad de ganar mercados.


Cuando se habla del agro argentino, generalmente se piensa en los grandes productos de la región pampeana: soja, maíz, trigo o carne. Sin embargo, buena parte del Interior depende de otro conjunto de actividades: vinos, frutas, legumbres, ajo, arroz, yerba mate, jugos, aceite de oliva y otros productos agroindustriales.


Este “otro agro” presenta algunas diferencias importantes. En general, opera con menores escalas, se encuentra más alejado de los puertos y, en varios casos, utiliza más intensivamente mano de obra. Además, a diferencia de los principales granos, muchos de sus productos no son commodities: tienen distintos niveles de calidad, variedades, mercados de destino y grados de diferenciación.


Por estas características, su rentabilidad depende particularmente de sus precios de exportación y del tipo de cambio real (cuán caro o barato está el dólar).

Un cambio de contexto

Durante buena parte de la primera década de los 2000, estas actividades enfrentaron un contexto relativamente favorable. El dólar era caro en términos reales (en 2007, por ejemplo, equivalía a más de $2.500 a precios actuales) y, al mismo tiempo, los precios de exportación tendían a crecer.

Actualmente ocurre casi lo contrario. El tipo de cambio real es relativamente bajo y los precios de exportación, descontada la inflación de Estados Unidos, se encuentran muy por debajo de los máximos alcanzados a comienzos de la década pasada. En el primer semestre de 2026, los precios promedio de exportación del conjunto considerado se ubican, en términos reales, aproximadamente un tercio por debajo de los registrados en 2013.

Esto plantea una primera pregunta. Si se trata de productos muy heterogéneos, ¿por qué los precios han disminuido en tantos casos?

No parece haber una única explicación, justamente porque cada producto enfrenta un mercado diferente. Sin embargo, hay dos fuerzas que se repiten en varias actividades. Por un lado, el menor dinamismo de la demanda internacional, particularmente de la demanda china, cuya expansión había sido un importante impulso para numerosos alimentos durante las décadas anteriores. Por otro, el aumento de la oferta mundial, asociado tanto a mayores niveles de producción como al ingreso y crecimiento de nuevos competidores. Además, parte de la caída del precio promedio puede responder a cambios en la composición de las exportaciones, hacia productos o destinos de menor valor.

Por lo tanto, aunque no exista un “precio internacional” común para estas economías regionales, en varios mercados se repite una combinación similar: una demanda menos dinámica y una oferta más abundante. Esto contribuye a explicar por qué la baja de precios ha resultado bastante generalizada.

La sorpresa está en las cantidades

Frente a precios reales más bajos y un dólar menos competitivo, cabría esperar una reducción importante de las exportaciones. Sin embargo, los datos muestran algo diferente.

Luego de caer durante buena parte de la década pasada, las cantidades exportadas se recuperaron con fuerza en los últimos años. En el primer semestre de 2026, el índice agregado se ubica en un nivel muy próximo al de 2013.

Esta recuperación no ha sido homogénea. El gráfico por productos muestra diferencias muy marcadas. Algunos lograron aumentar fuertemente sus cantidades aun enfrentando menores precios, mientras otros continuaron retrocediendo.

¿Por qué algunos productos lograron aumentar fuertemente sus exportaciones en un contexto menos favorable? No existe una única explicación. En algunos casos pueden estar apareciendo los resultados de inversiones realizadas años atrás y mejoras de productividad; en otros, la apertura de nuevos mercados o una mayor inserción comercial. También inciden condiciones particulares de cada mercado mundial, como una menor oferta de competidores —por ejemplo, por problemas climáticos en otros orígenes—, aunque este tipo de ventana suele ser más transitoria que estructural, y puede revertirse cuando esos competidores recomponen su producción.

Finalmente, una actividad puede mantener e incluso aumentar su producción durante algún tiempo aun con menores márgenes, utilizando plantaciones y capacidad instalada ya existentes. Por eso, mayores cantidades exportadas no necesariamente implican que el negocio sea hoy más rentable, y una mejora de precios asociada a un problema pasajero en otro origen tampoco garantiza que se sostenga.

Los casos más complicados

La recuperación de las cantidades no alcanza a todos. Entre los productos con peor desempeño se destacan vinos fraccionados y manzanas, que registran disminuciones en los volúmenes exportados y precios reales débiles. Cuando una situación de este tipo se prolonga, el ajuste no queda limitado a las exportaciones. Parte del menor precio recibido por el producto final termina trasladándose hacia atrás dentro de la cadena productiva.

El caso del vino es ilustrativo. Si una bodega recibe menos por el vino que comercializa, una forma de amortiguar el deterioro de su margen es pagar menos por la uva. De esta manera, parte del ajuste recae sobre el productor primario, que termina recibiendo precios muy bajos por su producto.

Algo similar ocurre en otras actividades frutícolas. Cuando el valor del producto final permanece deprimido durante varios años, disminuye el precio que puede recibir el productor por su materia prima. Si la rentabilidad continúa deteriorándose, se reducen las inversiones y comienza a salir superficie de producción.

Por eso, en algunos de los sectores más afectados, la caída de precios y exportaciones viene acompañada también por una reducción de la superficie cultivada. Es una señal más preocupante que una disminución circunstancial de las ventas externas, porque implica una contracción de la capacidad productiva.

¿Qué puede esperarse hacia adelante?

Por el lado del tipo de cambio, no parece razonable esperar una mejora sustancial de competitividad en el corto plazo. El escenario macroeconómico apunta a un dólar real que continuaría relativamente bajo, por lo que las economías regionales difícilmente puedan descansar en una fuerte mejora cambiaria.

En este contexto, la recuperación de precios que comenzaron a mostrar algunos productos no resulta contradictoria, aunque sí frágil. En varios casos parece responder menos a una mejora de la demanda internacional —poco probable en un escenario de mayores tensiones comerciales, aranceles y restricciones— que a una oferta más ajustada en otros países, afectados por problemas puntuales de cosecha. La diferencia es importante: una mejora impulsada por mayor demanda tendería a ser más persistente; una originada en faltantes circunstanciales de competidores puede revertirse cuando éstos recuperen su producción.

Todavía es temprano para determinar si estas mejoras de precio se consolidan o si se trata de ventanas puntuales que se cierran a medida que la oferta mundial se normaliza. De todas formas, constituyen un dato a seguir, especialmente luego de varios años de deterioro.

En síntesis, el escenario del “otro agro” presenta señales mixtas. Los precios reales y el tipo de cambio son considerablemente menos favorables que durante la década de 2000, pero las cantidades exportadas han mostrado una recuperación mayor a la esperada.

La clave es que esa recuperación no resulta homogénea. Algunos productos parecen haber logrado responder mediante mayores volúmenes, posiblemente asociados a mejoras de productividad e inversiones realizadas anteriormente. Otros, especialmente vinos y manzanas, continúan enfrentando un proceso de ajuste que ya alcanza a los precios de la materia prima y a la superficie productiva.

Con un dólar que difícilmente aporte una mejora significativa, el desempeño futuro dependerá cada vez más de la productividad, los costos, la diferenciación de los productos y la capacidad de ganar mercados en un contexto internacional que, por ahora, tampoco luce sencillo.

Jorge Day

Responsable de la sección Regional.