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Producir a cielo abierto: ¿cuánto grano se cosechará esta campaña?

La producción de granos es, por definición, una actividad “a cielo abierto” y su desempeño depende en gran medida del clima. El paquete tecnológico, la elección de cultivos, los esquemas de rotación y la eficiencia en la ejecución de las labores son determinantes, pero difícilmente alcancen para asegurar buenos resultados si el tiempo no acompaña.

Ahora bien, hablar de clima no es reducir el análisis a “lluvia versus sequía”, ni a un volumen anual elevado de precipitaciones. El desarrollo óptimo de los cultivos agrícolas depende no solo de que llueva, sino de que lo haga en el momento oportuno, cuando el cultivo más lo necesita. Un período seco prolongado puede recortar potencial de manera irreversible si coincide con etapa de floración o “llenado del grano”; del mismo modo que lluvias tardías —aunque sean abultadas— pueden llegar cuando el cultivo ya perdió porte, definió su número de granos o acortó su ciclo por estrés hídrico y térmico.

Además, el clima condiciona la campaña incluso antes de la siembra. Factores como la disponibilidad inicial de agua en el perfil (reservas hídricas) o la posibilidad de temperaturas extremas delimitan en buena medida la frontera de posibilidades de producción y pueden hacer, por ejemplo, que la necesidad de lluvias sea mayor o menor entre años, incluso dentro de una misma zona y para un mismo cultivo.

En plena campaña estival, con suelos y planteos distintos entre regiones, la interacción entre agua disponible y temperatura en los momentos críticos define cuán eficiente terminará siendo la conversión del crecimiento del cultivo en grano.

En este marco, a continuación, se repasa qué viene ocurriendo con el clima y el estado de los principales cultivos estivales (soja, maíz, girasol), para aproximar sus implicancias sobre rindes y producción final de la campaña.

Evolución reciente de la sequía y balance hídrico

En enero de 2026, la Mesa Nacional de Monitoreo de Sequías (MNMS) informó una mejora relativa a escala nacional: la superficie bajo alguna condición de estrés hídrico se redujo en aproximadamente 10 millones de hectáreas respecto del mes previo, totalizando 41,8 millones de ha. Esta evolución respondió principalmente a las lluvias registradas en el NOA, con acumulados superiores a los normales para la época, que atenuaron de manera significativa el deterioro previo.

En contraste, el área bajo sequía leve se expandió más de 40% en la región Centro, con foco en la zona núcleo agrícola. En el NEA y Cuyo la sequía estuvo ausente o fue muy acotada, mientras que en Patagonia disminuyó la superficie afectada, aunque se intensificaron las condiciones en Chubut, hasta niveles moderados, lo que contribuyó a la propagación de incendios.

Al 10 de febrero, el balance hídrico de INTA–CIRN estimaba niveles de agua útil muy bajos en amplias áreas de la zona núcleo, Córdoba (sur/sureste), Santa Fe (sur) y Buenos Aires (centro/oeste), así como en Entre Ríos (sur/este), La Pampa (sur/oeste), San Luis (centro/oeste) y Salta (noreste). En cambio, el NEA (centro y centro-este) y el NOA (centro) mantenían reservas adecuadas. A este escenario se sumaron temperaturas extremas en el norte y centro del país, que intensificaron el estrés térmico sobre cultivos y ganado.

Hasta entonces, el panorama productivo, particularmente en amplios sectores de la zona núcleo, resultaba desfavorable. No obstante, a mediados de febrero (semana del 11 al 18/02) se registraron precipitaciones en la región y en otras zonas comprometidas. Dado el déficit acumulado, en algunos casos estas lluvias habrían llegado tardíamente, mientras que en otros pudieron resultar oportunas para atenuar pérdidas potenciales. En cualquier escenario, la evolución productiva de la zona núcleo continúa condicionada a que los pronósticos de corto plazo se traduzcan en recargas hídricas efectivas.

En este contexto, adquiere relevancia estimar qué proporción del rendimiento ya se encuentra definida y cuánto permanece aún supeditado a la dinámica climática, cuestión que se desarrolla en la sección siguiente.

Estado de los cultivos y producción esperada para la campaña 2025/26

Con las siembras prácticamente cerradas y un clima que viene dejando fuertes contrastes entre regiones, en esta sección se sintetizan el estado actual y las perspectivas de producción de los principales cultivos estivales.

El punto de partida es el último informe mensual de estimaciones agrícolas de la SAGyP, publicado el 19 de febrero, que permite ordenar una “foto” de la campaña gruesa 2025/26 a la luz de los vaivenes climáticos descriptos en la sección previa. El análisis se complementa con información de otras fuentes, como las Bolsas de Rosario y Buenos Aires, y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).

Maíz

Con la siembra prácticamente finalizada, el área implantada se estima en 10,4 Mha. Sólo restan algunos lotes de siembra tardía en el NEA, hoy condicionados por la disponibilidad de humedad en el suelo.

El cultivo presenta síntomas de estrés hídrico y calórico, como acartuchamiento de hojas, en distintas regiones y tanto en planteos tempranos como tardíos. Sin embargo, el estado general del cultivo sería favorable, dado que buena parte de estos síntomas serían reversibles si se consolidan nuevas precipitaciones, como ocurrió la última semana en zona núcleo. Los planteos más comprometidos serían los maíces tardíos del centro-norte del país (Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Chaco), que transitan etapas de crecimiento vegetativo y floración. En esta zona comenzó la cosecha de maíces tempranos, con rendimientos que hasta el momento son muy dispares (32 – 90 quintales por hectárea).

Para la campaña 2025/26, la Bolsa de Buenos Aires proyecta una producción de 57 millones de toneladas, número similar a la proyección del USDA (58 Mt), pero inferior a la cifra todavía optimista de la Bolsa de Comercio de Rosario (62 Mt).

Como se aprecia en el gráfico 1, un volumen de 62 Mt implicaría un nuevo máximo histórico de la serie. Sin embargo, a la luz de los vaivenes climáticos, hoy resultan más plausibles escenarios más moderados, con una producción de maíz en torno a 57–58 Mt. En ese caso, la campaña 2025/26 se ubicaría 10–12% por encima de 2024/25 (51,7 Mt) y recuperaría el nivel de 2023/24, aunque aún quedaría por debajo del pico alcanzado en 2020/21 (60 Mt).

Soja

Con la siembra prácticamente finalizada, el área implantada de soja se estima en 17,3 Mha. La soja de primera se sembró con buena disponibilidad de humedad gracias a las lluvias de primavera, lo que favoreció un adecuado desarrollo inicial. En términos generales, el cultivo mantiene un buen estado —cerca del 85% de los lotes se clasifica como “bueno”—, aunque el combo de altas temperaturas y escasez hídrica durante la etapa crítica de floración podría traducirse en mermas del rinde potencial.

La soja de segunda, en cambio, arrancó más condicionada: la menor oferta de lluvias afectó la siembra y la elevada presencia de rastrojos de los cultivos antecesores (recordar que venimos de producción récord de trigo) limitó el crecimiento en las etapas iniciales. Sin embargo, las últimas precipitaciones en la zona núcleo marcaron cierta recuperación y la consolidación de nuevas lluvias en el corto plazo ayudaría a moderar la pérdida de potencial. En la principal región productiva, aproximadamente el 70% del área se encuentra en condición buena y, en promedio, cerca del 20% en condición regular.

Las distintas fuentes de información proyectan una producción similar para la campaña 2025/26, en orden de los 47,5 – 48,5 millones de toneladas, aproximadamente. De confirmarse estos guarismos, la producción de la oleaginosa caería 5–7% respecto de 2024/25 (51,1 Mt). En perspectiva, el gráfico 2 sugiere que 2025/26 se ubicaría en niveles comparables a los de las últimas cinco campañas “sin sequía” (2019/20 a 2024/25, excluyendo 2022/23), pero todavía lejos de los 55–60 Mt alcanzados en años previos.

Girasol

La superficie destinada a la oleaginosa se estima en 3,1 Mha. En este caso la cosecha ya ha comenzado y avanza con un 38% del área a nivel nacional. Las labores se encuentran finalizadas en Chaco, el oeste de Santiago del Estero y el norte de Santa Fe. En esas zonas, los rendimientos relevados se ubican en 26,5 qq/ha, 22 qq/ha y 16 qq/ha, respectivamente. El registro más bajo responde a una combinación de factores adversos, con situaciones de exceso hídrico y planchado de suelos, áreas con déficit hídrico y fuerte ataque de aves. En las regiones restantes —donde se concentra la mayor superficie— el cultivo mantiene en general un estado bueno y transita mayormente la etapa de llenado.

Con una porción relevante del área ya cosechada, la SAGyP difundió su primera estimación de producción para la campaña 2025/26: 7,2 millones de toneladas. Este valor se ubica 1,0 Mt por encima de la proyección de la Bolsa de Buenos Aires (6,2 Mt) y casi 2,0 Mt por encima de la del USDA (5,3 Mt).

En el gráfico 3 puede apreciarse que, en el peor de los casos (5,3 Mt), la producción se ubicaría levemente por debajo de la campaña 2024/25 que había sido récord. En el mejor de los casos, de confirmarse la proyección oficial (7,2 Mt), la producción crecería casi 29% con respecto a la campaña anterior y marcaría un nuevo máximo histórico.

Resumiendo

Producir “a cielo abierto” implica que, más allá del paquete tecnológico y la eficiencia en las labores, los resultados finales están intrínsecamente ligados a los vaivenes del tiempo. La campaña 2025/26 ha estado marcada por una fuerte irregularidad climática que define una “frontera de posibilidades” muy distinta entre regiones: mientras el NOA experimentó un alivio significativo en enero, la zona núcleo central vio un agravamiento de la sequía leve que recién encontró un “respiro” con las lluvias de mediados de febrero.

El panorama para los principales cultivos estivales refleja esta dependencia. El maíz mantiene un estado general favorable, aunque con síntomas de estrés que condicionan el rendimiento; se espera una producción de entre 57 y 58 millones de toneladas, lo que representaría un crecimiento del 10-12% respecto al ciclo anterior, pero aún lejos de los récords históricos optimistas. Por su parte, la soja presenta dos realidades: una soja de primera con buen desarrollo inicial pero en riesgo por el calor extremo, y una soja de segunda que se posiciona como el planteo más comprometido de la campaña debido a la falta de humedad inicial. La oleaginosa proyecta un volumen cercano a los 48 millones de toneladas, una caída del 5-7% interanual.

Como contrapartida, el girasol se encamina a ser el gran protagonista, con la posibilidad de alcanzar un máximo histórico de 7,2 millones de toneladas si se confirman las estimaciones oficiales. En conclusión, aunque gran parte del rendimiento “ya está puesto”, la definición final dependerá de la concreción de lluvias remanentes y de que las temperaturas extremas no sigan recortando potencial en las etapas críticas de llenado de grano.

Franco Artusso y Valentino Costamagna

Responsables de la sección Agroindustrial.