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Shock petrolero: la difícil tarea de alinear incentivos para una paz duradera

En el momento más crítico del trágico conflicto de Medio Oriente, las proyecciones pueden cambiar minuto a minuto. Cuando Trump anunció que esta guerra sería corta, seguramente estaba reconociendo que, de prolongarse, afectaría sus chances en las elecciones de medio término de noviembre. Al mismo tiempo, posiblemente estaba subestimando la capacidad tecnológica y de resistencia de Irán que, al controlar el estrecho de Ormuz, mantiene una posición estratégica, y también cuenta con aliados poderosos, como China y Rusia, que han mantenido “perfil bajo” en el plano declarativo pero, sin dudas, están colaborando con Teheran mucho más de lo que se sabe.

Paradójicamente, el mundo que empezó a quedar atrás, el de las reglas de juego multilaterales, podría haber sido más propicio para encontrar una solución satisfactoria, abriendo espacio a un alto el fuego duradero. En cambio, en el nuevo planeta de las negociaciones bilaterales, los acuerdos que involucran a diversas partes son mucho más difíciles de lograr, como armar un rompecabezas de mil piezas. Normalizar el tránsito por el estrecho de Ormuz requiere plena confianza, ya que un par de drones pueden hacer volver a fojas cero cientos de horas de negociaciones. Además, en Iran el conflicto ha empoderado a la Guardia Revolucionaria, el ala más dura del régimen, que se ha alistado para una especie de “guerra de guerrillas”, asumiendo que Trump estará cada vez más incómodo si no hay acuerdo a la vista.

Las urgencias de Trump son estrictamente políticas (el rechazo de la población a una guerra prolongada), ya que en términos económicos Estados Unidos está siendo uno de los países menos perjudicados, debido a la fuerza de su industria energética. En cambio, en Asia ya han comenzado a proliferar situaciones que se asemejan a la experiencia del COVID, por la precariedad del abastecimiento de combustibles, caso de países como Pakistán, Filipinas, Bangladesh, entre otros. China e India confían en la diplomacia bilateral con Rusia y el mismo Iran para mantenerse abastecidos, pero Asia sufrirá las consecuencias si la apertura plena de Ormuz se demora demasiado. En Rusia seguramente estarán apareciendo fuerzas centrípetas, por la abundancia fiscal derivada de los altos precios de la energía y, a la inversa, los países que rodean el Golfo Pérsico están iniciado un proceso dominado por las fuerzas centrífugas, siendo empujados o bien a aliarse con los Estados Unidos, o bien con Rusia/China, sin poder aprovechar plenamente la mejora en la cotización de los hidrocarburos, en una región en la que el futuro puede ser complejo.

Hay un día clave, el próximo14 de mayo. Es la fecha prevista para una reunión en Pekin entre los lideres Hi Jinping y Donald Trump. Esa cumbre no debería realizarse si para ese momento no están acordados los puntos claves de la agenda para un alto el fuego duradero. Cualquier señal que confirme o posponga esa reunión será de extrema utilidad como guía para los mercados.

El hecho que el lunes 6 de abril, cuando se está cerrando este artículo, el precio del petróleo se encuentre en torno a los 110 dólares el barril es, en realidad, reflejo de que las apuestas de los inversores van en dirección a novedades positivas para ese 14 de mayo porque, de lo contrario, habría subas adicionales de las cotizaciones (por el momento se están usando reservas de combustibles, confiando en que éstas podrán comenzar a reponerse en un tiempo razonable)

No hay que olvidar que por el estrecho de Ormuz, en condiciones normales, se transporta entre el 25% y el 45 % de las exportaciones mundiales de petróleo, urea y azufre; y entre el 15% y el 20 % del aluminio, los fosfatos, el gas licuado y el amoníaco.

Aunque hoy el funcionamiento de la economia global es mucho menos dependiente del crudo respecto a 1973, cuando ocurrió el primer shock petrolero, el “riesgo Ormuz” ha llegado para quedarse. En el presente, generar 100 dólares de valor agregado insume menos de la mitad de petróleo que en 1973. Han hecho su tarea la diversificación de fuentes energéticas, los avances tecnológicos y la mayor ponderación del sector servicios en el PIB global. Sin embargo, pese a ese menor ratio petróleo/PIB en los promedios, aparece creciente sensibilidad y conexión entre energía y valor agregado con la irrupción de la inteligencia artificial.

El altísimo consumo de electricidad de los centros de datos hace que, en ese aspecto, la comparación con 1973 no resulte apropiada. Además, los países de la OPEP no se proponían cambiar el mundo, simplemente buscaban una tajada mayor.

El 2022, con la invasión de Ucrania por Rusia, el 2025 con los conatos de guerra comercial encarados por Trump, y el 2026 con el conflicto de Medio Oriente, son suficientes evidencias de que el mundo ya no es más aquel que emergió de la segunda guerra mundial.

Los reportes de un reciente evento realizado en Houston (“Ceraweek”) alrededor de las cuestiones energéticas, no dejan lugar a dudas: el mundo se habrá de seguir reorganizando, con el telón de fondo de la pulseada entre China y los Estados Unidos, y para la asignación de inversiones prevalecerá cada vez más el factor geopolítico y el aseguramiento de las cadenas de suministro. Competitividad tendrá que conjugarse con confiabilidad, en un mundo cada vez más fragmentado.

Estos nuevos vectores remarcan el insustituible rol del gas en la matriz energética del presente y del futuro, un factor de complementariedad de primer orden de la Argentina con la Unión Europea y Japón, por caso, que ocurre justo cuando las empresas que operan en Vaca Muerta han despejado dudas. Hay suficiente potencial en términos de volúmenes y el “punto de equilibrio” de la ecuación financiera es suficientemente bajo como para sostener la rentabilidad en múltiples escenarios. En otro artículo de este informe “Crecimiento austero…” se subraya que poner en valor este activo no tiene sólo consecuencias positivas en términos de exportaciones, también y de una importancia equivalente, la posibilidad de atraer inversiones en industrias intensivas en costos energéticos.

Jorge Vasconcelos

Coordinador General de Revista Novedades.