Ingresos en Argentina: del ajuste a una recuperación incompleta
En los últimos tres años, la dinámica de los ingresos en Argentina estuvo atravesada por tres etapas bien diferenciadas. Entre finales de 2023 y comienzos de 2024 se registró un fuerte ajuste del poder adquisitivo, durante 2025 se observó una fase de estabilización con recuperación parcial, y en los últimos meses comenzó a evidenciarse una nueva aceleración inflacionaria que vuelve a poner presión sobre los ingresos.
Para analizar este proceso, se utiliza el indicador de masa salarial ampliada, una medida que integra salarios de trabajadores formales, ingresos laborales informales, jubilaciones y pensiones, y las principales transferencias sociales.
El ajuste
Bajo esta perspectiva, el deterioro observado entre octubre de 2023 y marzo de 2024 fue generalizado y de magnitud. En ese período, los salarios registrados del sector privado acumularon caídas reales en torno al 15%, mientras que en el sector público las pérdidas salariales fueron incluso más pronunciadas, con caídas reales que superaron el 25% en el ámbito nacional. En el caso de las jubilaciones, el haber mínimo considerando el bono de $70.000, congelado en términos nominales desde marzo de 2024, registró una caída del 23% entre el último trimestre 2023 y primer trimestre 2024.
Para las transferencias sociales la dinámica fue más heterogénea. La AUH registró un fuerte incremento del 43% real, consolidándose como la prestación con mejor desempeño dentro del conjunto de transferencias. La Tarjeta Alimentar mostró una mejora más moderada, con un aumento del 21% real. En contraste, el programa Potenciar trabajo, con su reformulación vía congelamiento de montos y cambios en la cobertura registró una caída del 45% en términos reales.
Cabe señalar que, al tratarse de una masa de ingresos, la dinámica no solo responde a cuánto gana cada persona, sino también a la cantidad de perceptores. En el sector público el ajuste operó mediante una reducción en la dotación y cambios en las formas de contratación, con una caída del 4% en el empleo público nacional (equivalente a 13.000 trabajadores menos) entre fines de 2023 y comienzos de 2024. Este proceso no encontró compensación en el sector privado formal, que se mantuvo prácticamente estancado en torno a 6,2 millones de trabajadores.
En cuanto a las transferencias sociales, la cobertura también se redujo en un contexto de reformulación del esquema asistencial, marcada por la eliminación de la intermediación. Los titulares del Potenciar Trabajo que rondaban los 1,2 millones a fines de 2023, fueron distribuidos en dos nuevos programas denominados “Volver al Trabajo”, con cerca de 900.000 beneficiarios, y “Acompañamiento Social”, con aproximadamente 200.000, en marzo de 2024.
El programa Volver al Trabajo iba a ser discontinuado en abril de 2026, con el pago de su última prestación. Sin embargo, tras una medida cautelar dictada por la Justicia Federal de Campana, se ordenó restablecer los pagos a los beneficiarios. De esta forma, Volver al Trabajo continúa vigente de manera transitoria, con estipendio congelado en $78.000, pese a que el Gobierno ya lo consideraba finalizado y en proceso de reemplazo.
Estabilidad
A partir del segundo semestre de 2024 y durante 2025 se observó una recuperación parcial de la masa de ingresos, impulsada por la desaceleración inflacionaria. Entre junio de 2024 y junio de 2025, el incremento alcanzó el 14% (excluyendo los ingresos informales)*. Sin embargo, esta mejora fue acotada. Por un lado, en junio de 2025, el nivel agregado se ubicó por debajo del nivel previo al shock (-2%). Por otro, la recomposición fue desigual entre componentes.
Los ingresos formales evolucionaron con lentitud, condicionados por un mercado laboral registrado que no logra expandirse. De hecho, el ajuste se canalizó principalmente hacia formas de inserción más precarias, lo que se refleja en un incremento de la tasa de informalidad en 1,6 puntos porcentuales, pasando de 41,6% en el segundo trimestre de 2024 a 43,2 en el mismo trimestre de 2025.
En el caso de las jubilaciones, la mejora fue más moderada, con un incremento real del 7% para el haber medio y una caída del 3% para el haber mínimo con bonos. Si bien desde marzo de 2024 se modificó el esquema de actualización (pasando a una indexación por IPC con rezago de dos meses) este cambio no logró compensar plenamente las pérdidas acumuladas en los tramos más bajos, donde una mayor proporción del ingreso depende de componentes discrecionales como el bono previsional.
En las transferencias sociales, la dinámica fue dispar. Mientras que la AUH logró sostener su poder adquisitivo e incluso mostró una recomposición real (+6%), otras prestaciones como la Tarjeta Alimentar y Volver al Trabajo (ex Potenciar Trabajo) acumularon caídas cercanas al 28% entre junio de 2024 y junio de 2025, asociadas a su congelamiento nominal.
Nuevas presiones inflacionarias
En los últimos meses, la aceleración inflacionaria volvió a erosionar los ingresos, revirtiendo buena parte de la recomposición lograda durante la primera mitad de 2025. En los últimos 12 meses, la inflación acumuló un 33% y la mayor parte de los ingresos no logró sostenerse al mismo ritmo. Solo los haberes y la AUH consiguieron superar la dinámica inflacionaria en el período, mientras que el resto de los ingresos formales se ubicó, en promedio, un 9% por debajo, con variaciones entre componentes.
Las mayores caídas se observan en los programas de asistencia social Volver al Trabajo y Tarjeta Alimentar (-25%), seguidos por el salario del docente universitario (-9,3%) y el empleo público a nivel nacional (-8,8%). Las provincias, por su parte, intentaron moderar el ajuste salarial, aunque sin lograr acompañar el ritmo de los precios. En el sector privado, las negociaciones paritarias operaron como un techo, cerrando en su mayoría por debajo de la inflación durante los últimos meses.
Esta dinámica llevó a que los ingresos retornaran a niveles inferiores a los de octubre de 2023, previos al shock inflacionario. En febrero de 2026, la masa de ingresos total se ubicó un 4% por debajo de aquel mes, aunque con marcadas disparidades entre componentes. Los ingresos informales y las transferencias orientadas a la niñez lograron mejorar respecto de aquel período (+12% y +24%, respectivamente), mientras que los jubilados apenas consiguieron sostener su poder adquisitivo. Los asalariados, en cambio, permanecen un 10% por debajo de aquellos niveles. En el otro extremo, los asalariados públicos y los beneficiarios del programa Volver al Trabajo no lograron siquiera acercarse a los registros de 2023.
Lo que emerge con claridad es un cambio en la estructura de los ingresos. En comparación con años previos, perdieron peso los ingresos del empleo formal y ganaron participación los ingresos más inestables, en particular el cuentapropismo e informalidad.
Los ingresos asociados al empleo formal no solo tienden a ser más estables, sino que están vinculados a la productividad y resultan claves para sostener el financiamiento del sistema previsional. Por el contrario, una mayor participación de ingresos informales o asistenciales implica una estructura más frágil, con menor capacidad de sostener procesos de crecimiento.
En este contexto, la evolución reciente deja una doble lectura. Por un lado, la desaceleración inflacionaria permitió una recuperación de los ingresos. Por otro, esa recuperación se dio sobre una base más débil y heterogénea.
Hacia adelante, la consolidación de la estabilidad macroeconómica será clave para recuperar el poder adquisitivo. Sin embargo, el desafío de fondo es más profundo, avanzar hacia una recomposición de los ingresos donde el empleo formal vuelva a ocupar un rol central, no solo para mejorar el nivel de ingreso, sino también su calidad y sostenibilidad en el tiempo.
*La dinámica de los ingresos informales debe leerse con cautela, a diferencia de los salarios registrados basados en registros administrativos, los ingresos informales se estiman a partir de la EPH, con rezagos en la información de 5 meses. Además, parten de un nivel significativamente más bajo, en torno a la mitad del salario formal, lo que amplifica las variaciones en términos relativos.
Laura Caullo - Guadalupe Galindez
Responsables de la sección Social-Laboral.


