La travesía del empleo exige más reformas
Es creciente la intensidad con la que se plantea la pertinencia de revisar prioridades. Mientras los logros en materia de estabilización se consolidan y queda atrás buena parte de la tormenta macroeconómica, crece la demanda por atender el objetivo de generar empleos de calidad. Las evidencias son cada vez más contundentes. La inflación bajó desde el 25% mensual en diciembre de 2023 a menos del 2%, con tendencia descendente. En sentido contrario, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el empleo privado registrado se redujo en 235 mil puestos de trabajo.
Por varios motivos, es conveniente contemplar este cambio de escenario y buscar la manera de dar respuesta a las nuevas demandas de la población. En particular, resulta esencial evitar que el malestar generado por el mal funcionamiento del mercado de trabajo le quite sustento político al programa económico. Esto adquiere especial relevancia de cara a las elecciones del año próximo.
Se reactiva el ritmo de las reformas
Superadas las elecciones del año pasado, el Congreso mostró una dinámica positiva en relación con el crucial proceso de reformas estructurales. Un hito trascendental fue la sanción de la Ley de Modernización Laboral. Sin embargo, las controversias generadas en torno al jefe de Gabinete llevaron a ralentizar el proceso. Nuevamente, el ritmo y la secuencia de las reformas entraron en una dinámica inconsistente con las demandas del programa económico.
El cambio de jefe de Gabinete genera expectativas que exceden ampliamente una simple renovación de funcionarios. En concreto, aparece como una oportunidad para renovar el impulso reformista. Particularmente importante es la posibilidad de que varios gobiernos provinciales pasen a jugar un rol más activo. Este nuevo escenario político permite retomar la marcha, aunque el recorrido todavía está lejos de completarse y exige avanzar con velocidad y consistencia.
Además de los proyectos que ya se encuentran en tratamiento en el Congreso, se anunció el envío de un conjunto de iniciativas con impacto sobre el sector financiero. Por ahora, se conoce el proyecto que propone reformar la Carta Orgánica del Banco Central, derogando los cambios introducidos a partir de 2012 y retomando reglas similares a las vigentes durante la década de 1990.
En consonancia con esta iniciativa —cuyo aspecto medular es prohibir el uso del Banco Central para financiar excesos de gasto—, se anunció el envío de otro proyecto de ley destinado a establecer reglas fiscales de emergencia cuando el sector público acumule varios meses de desequilibrio. Los anuncios incluyen, además, proyectos de reformas en las regulaciones del mercado de capitales y del sector asegurador.
¿Alcanza?
La necesidad de prestar mayor atención al desafío de dinamizar el empleo se presenta cada vez más clara. Lo que no resulta sencillo de dilucidar es cómo lograrlo. ¿Con qué instrumentos se cuenta para revertir el crónico y profundo deterioro del mercado de trabajo?
Generar las condiciones para que el crecimiento del PBI sea más alto y más parejo entre sectores es una condición necesaria para dinamizar el empleo. Pero no parece suficiente frente al intenso proceso de reconversión que enfrenta la producción argentina. Es muy sugerente que incluso sectores que están en expansión, como la intermediación financiera y los hidrocarburos, registran caídas del empleo. Es decir, la destrucción de puestos de trabajo no se limita a sectores deprimidos, como la industria, la construcción y el comercio, sino que también alcanza a actividades que registran incrementos en el nivel de actividad.
La principal explicación para este fenómeno es que, en un escenario de estabilidad y mayor competencia, se impone un intenso proceso de adaptación orientado a reducir costos y aumentar la productividad. Esto implica, en muchos casos, destrucción de empleo. Se trata de un proceso tan costoso como necesario. Eliminar el cúmulo de ineficiencias que se fueron enquistando en las empresas bajo el amparo e incentivadas por un entorno de alta inflación y baja competencia es vital. Pero es riesgoso subestimar sus consecuencias sociales negativas y, derivado de ello, sus secuelas políticas.
Planteado de manera genérica, el instrumento disponible para dinamizar el empleo de calidad es avanzar más rápido en la construcción de un entorno favorable para la producción. Esto implica abordar, de manera rápida y con una secuencia consistente, las reformas que lleven a eliminar los factores que traban la producción y la generación de puestos de trabajo. Esta es la vía para promover un crecimiento del PBI más alto y homogéneo entre sectores y, al mismo tiempo, moderar los impactos negativos de la reconversión sobre el empleo. No hay que perder de vista que en muchos casos la destrucción de empleos no deriva de ineficiencias insalvables sino de la subsistencia de un entorno que conspira contra la producción.
Visto desde esta perspectiva, el conjunto de reformas anunciado como prioridad para los próximos meses en el Congreso va en el sentido correcto. Si bien los anuncios incluyen un conjunto amplio de reformas con objetivos diversos, la meta principal es fortalecer la confianza en que el equilibrio fiscal no es negociable. Esto, junto con las reformas sobre seguros y mercado de capitales, apunta a promover el crédito. La meta es acertada ya que expandir el crédito es un insumo esencial para dinamizar la producción, especialmente en los sectores más deprimidos, y facilitar la reconversión.
Sin embargo, es fundamental no subestimar la magnitud de los desafíos que todavía se presentan en la travesía. Aun suponiendo que los proyectos de ley que envíe el Ejecutivo sean mejorados y sancionados rápidamente por el Congreso, desde el punto de vista de la sostenibilidad fiscal continúa pendiente el tema más importante: la reforma previsional. Ninguna regla fiscal, por estricta que sea, será viable si no se ordena el sector público y particularmente el sistema previsional, tanto a nivel nacional como provincial. Mientras no se tomen los recaudos para darle sostenibilidad al equilibrio fiscal, cualquier regla, por estricta que sea, será revertida. Los antecedentes, particularmente la reversión de la autonomía del Banco Central a partir de 2012, son muy aleccionadores.
Del mismo modo, el crédito es esencial para promover la expansión de la producción y el empleo. Pero no es el único factor. En orden de prioridades y urgencia se destaca que sigue faltando una reforma esencial y transversal: la impositiva. Una de las principales razones que explican por qué muchos proyectos no son rentables es el impacto de una carga tributaria extremadamente distorsiva.
Las iniciativas anunciadas ayudan a sostener el rumbo. Pero aun suponiendo que con el nuevo escenario político se logre su rápida instrumentación no alcanzan para recuperar la capacidad de generar empleos de calidad. Para llegar a destino, esto es, responder a las demandas de la sociedad por una mejora en el empleo, quedan muchos escollos por superar.



